No te me engrías, dinero,
aunque sin cesar te busco,
ya sabes que no te quiero.
Jorge Guillén, Tréboles, VII
(Citado en un epígrafe de Walter Graziano, en Nadie vio Matrix.)
lunes, 17 de mayo de 2010
domingo, 16 de mayo de 2010
Tragarse las palabras
«Recuerdo lo que leí en una viñeta cómica, en la que un padre le explicaba a su hijo que debería esforzarse en que sus palabras sean breves, sean amables, sean dulces... A lo que el niño preguntó: ¿Y por qué, papá? Este, con sabiduría, respondió: Por si un día te las tienes que tragar...»
José Ricardo Stok. «Por un Código de Consumo digerible». En: http://gestion.pe/impresa/noticia/codigo-consumo-digerible/2010-04-27/17579
José Ricardo Stok. «Por un Código de Consumo digerible». En: http://gestion.pe/impresa/noticia/codigo-consumo-digerible/2010-04-27/17579
lunes, 26 de abril de 2010
Áreas protegidas del país generan más de 1000 millones de dólares al año
Lejos de ser espacios geográficos improductivos, dichas zonas poseen un potencial aún mayor en cuanto a turismo y especies vegetales
No solo las tierras de Chavimochic son irrigadas con aguas provenientes del Parque Nacional del Huascarán. Doce áreas protegidas proveen del agua que requieren 376.411 hectáreas de cultivos del país.
Luego de un minucioso estudio se ha concluido que las áreas naturales protegidas aportan US$1.064 millones a la economía nacional.
Esas áreas no solo otorgan agua para regadío, sino también para consumo humano y generación eléctrica. Del mismo modo, generan ingresos por turismo y evitan la sedimentación de los reservorios y represas del país.
TESORO ESCONDIDO
En las áreas protegidas hay 2.500 especies vegetales, pero solo se conocen científicamente 250 de ellas. ¿Qué aporte a la medicina, a la alimentación o a la vida del hombre esconderán las 2.250 especies que no conocemos?
Adaptado de Álvaro Gastañadui. En: El Comercio, 31 de agosto del 2009.
P. S.: Pasa que lo edité para que salga en un libro, pero quisieron algo más actualizado... Lo pongo aquí para que no se pierda mi trabajito ;D y aprovecho para rendir un homenajito al cuidado de la Tierra en su día, que acaba de pasar.
No solo las tierras de Chavimochic son irrigadas con aguas provenientes del Parque Nacional del Huascarán. Doce áreas protegidas proveen del agua que requieren 376.411 hectáreas de cultivos del país.
Luego de un minucioso estudio se ha concluido que las áreas naturales protegidas aportan US$1.064 millones a la economía nacional.
Esas áreas no solo otorgan agua para regadío, sino también para consumo humano y generación eléctrica. Del mismo modo, generan ingresos por turismo y evitan la sedimentación de los reservorios y represas del país.
TESORO ESCONDIDO
En las áreas protegidas hay 2.500 especies vegetales, pero solo se conocen científicamente 250 de ellas. ¿Qué aporte a la medicina, a la alimentación o a la vida del hombre esconderán las 2.250 especies que no conocemos?
Adaptado de Álvaro Gastañadui. En: El Comercio, 31 de agosto del 2009.
P. S.: Pasa que lo edité para que salga en un libro, pero quisieron algo más actualizado... Lo pongo aquí para que no se pierda mi trabajito ;D y aprovecho para rendir un homenajito al cuidado de la Tierra en su día, que acaba de pasar.
viernes, 19 de marzo de 2010
Fado: Madredeus, Cesaria Evora, Amália Rodrigues
Descubrí el fado hace unos cinco años. Me pasaron una canción de Cesaria Evora y me pareció tremenda. Impresionante... Empecé a buscar información y más música de ella y me gustó mucho. Sodade muy buena:
Me enamoré de Cesaria... Pero algo no cuadraba. Al volver a escuchar la primera canción que me pasaron, simplemente me di cuenta que no era la voz de Cesaria. ¡Ajá, a buscar de quién era!: Y era Madredeus y la canción se llamaba Alfama...
Y aquí una versión más teatral, quizás más emotiva:
Y no se queda atrás otra tremenda voz: Amália Rodrigues. La canción que más me gustó no sé cómo se llama (y mi nulo portugués no me ayuda a saberlo):
Otra buena aquí:
¡Qué tales voces!...
Me enamoré de Cesaria... Pero algo no cuadraba. Al volver a escuchar la primera canción que me pasaron, simplemente me di cuenta que no era la voz de Cesaria. ¡Ajá, a buscar de quién era!: Y era Madredeus y la canción se llamaba Alfama...
Y aquí una versión más teatral, quizás más emotiva:
Y no se queda atrás otra tremenda voz: Amália Rodrigues. La canción que más me gustó no sé cómo se llama (y mi nulo portugués no me ayuda a saberlo):
Otra buena aquí:
¡Qué tales voces!...
jueves, 18 de marzo de 2010
Movistar: conectados podemos más
Vi el comercial de Movistar y me emocioné (la verdad, sin mentir, hasta las lágrimas). Muy bueno el trabajo de fotografía, de efectos, de edición, la música, las imágenes, la posproducción. Todo impecable...
Pasaron unos 22 segundos más o menos y algo (en mi cabeza) me dijo, ¿cuánto les habrá costado hacer ese comercial y ponerlo en los medios? Y ¿por qué mejor no invierten ese dinero para afinar a sus empleados y den un mejor servicio?
Sin ir muy lejos, la vez pasada pedí dos líneas telefónicas, de las dos solicitudes hicieron una coalescencia y solo se registró una para una dirección que no era. Hice nuevamente otra solicitud para un plan de llamadas ilimitadas a telefonía local y cuando me leen el contrato me salen con que son solo cien destinos y de ahí te cobran tarifa premium... «¿Así era?», pregunté (como estaba en lo de la grabación del contrato no me contestaron hasta que dije «sí, acepto»). «Así es» me dijeron... ¡Bah!, no quiero aburrir... después mi esposa llamó y le dijeron que así no era... Otro ¡bah! Y antes de eso me inscribí en el servico Mimail, un sistema que se supone me me envía por la módica suma de dos soles semanales mis mensajes de correo electrónico a mi teléfono celular. Pues bien, seguí los pasos para la inscripción y cuando por fin recargé y me hicieron el susodicho descuento nunca llegaban los mensajes al celular. Llamé para reclamar. Y en cuatro días han de solucionar la situación y me dieron un código que no apunté y ya olvidé. Por si acaso, no recargaré hasta nuevo aviso.
Aquí hay alguien que pensó y seguro que pasó por lo mismo que yo:
miércoles, 3 de marzo de 2010
Errores ortográficos: la sartén le dice a la olla
En mi país hubo hace un año o más creo, un mayúsculo problema con unos libros de la Editorial Norma sobre el tratamiento controvertido que se le dio a unos temas de subversión terrorista (hay que aceptar que lo que hubo en el país fue terrorismo, tanto de los civiles como del Estado).
Hoy de nuevo, en estos días, han habido desgarres de vestiduras por un sinnúmero de errores ortográficos que han aparecido en unos textos escolares. Véase por ejemplo:
Minedu crea comisión para investigar errores en textos escolares
Pero el problema no son solo los errores de ortografía como lo demuestra Susana Frisancho en su muy informado blog. En fin, las carencias educativas en todos los niveles son un tema recurrente e inconcluso en el Perú (¿estamos avanzando? Espero que sí).
Y bueno, escuché ese tema de los errores ortográficos y justo una compañera de trabajo tenía el diario La Primera de Lima, que trataba este tema: A ver me dije y miren lo que encontré:

En el gráfico el periódico denuncia muy orondo que hay tres errores, que están marcados, cada uno, con un ovoide rojo:
1) «lingúistica»
2) «solo»
3) «esta creo»
Mis ojos se quedaron clavados en los casos dos y tres porque... ¡Ahí no hay error!
Ya es una regla de hace varios años que solo no se tilda y que los pronombres demostrativos este, esta, etc., en función de sujeto, tampoco.
¡Hábrase visto!
Y, además, me parece que los diarios y afines (o quizás los editores, los jefes de prensa, los directores, cuando no los correctores si es que hay de estos medios) son los menos indicados para ejercer una cruzada contra las erratas, pues en mayor o menor medida hay una retahíla de errores no solo ortográficos, sino de sentido y hasta de diagramación, que aparecen unos más y unos menos.
Yo que soy lector usual de El Bocón (un diario deportivo, que mantiene algunos buenos redactores, aunque antes había mayor calidad), veo esta clases de gazapos todos las veces que lo leo (y si alguien quiere ver un ejemplo de cómo no se debe escribir y corregir una columna deportiva váyase directo a las horrorosas columnas del ex Niño Terrible Challe); lo mismo, aunque en menor medida, pasaba en PCworld de Perú y en La República, que también la leo y paro de contar porque no leo más de estas publicaciones...
En fin, lávense los pies antes de poner la pierna en alto...
Hoy de nuevo, en estos días, han habido desgarres de vestiduras por un sinnúmero de errores ortográficos que han aparecido en unos textos escolares. Véase por ejemplo:
Minedu crea comisión para investigar errores en textos escolares
Pero el problema no son solo los errores de ortografía como lo demuestra Susana Frisancho en su muy informado blog. En fin, las carencias educativas en todos los niveles son un tema recurrente e inconcluso en el Perú (¿estamos avanzando? Espero que sí).
Y bueno, escuché ese tema de los errores ortográficos y justo una compañera de trabajo tenía el diario La Primera de Lima, que trataba este tema: A ver me dije y miren lo que encontré:

En el gráfico el periódico denuncia muy orondo que hay tres errores, que están marcados, cada uno, con un ovoide rojo:
1) «lingúistica»
2) «solo»
3) «esta creo»
Mis ojos se quedaron clavados en los casos dos y tres porque... ¡Ahí no hay error!
Ya es una regla de hace varios años que solo no se tilda y que los pronombres demostrativos este, esta, etc., en función de sujeto, tampoco.
¡Hábrase visto!
Y, además, me parece que los diarios y afines (o quizás los editores, los jefes de prensa, los directores, cuando no los correctores si es que hay de estos medios) son los menos indicados para ejercer una cruzada contra las erratas, pues en mayor o menor medida hay una retahíla de errores no solo ortográficos, sino de sentido y hasta de diagramación, que aparecen unos más y unos menos.
Yo que soy lector usual de El Bocón (un diario deportivo, que mantiene algunos buenos redactores, aunque antes había mayor calidad), veo esta clases de gazapos todos las veces que lo leo (y si alguien quiere ver un ejemplo de cómo no se debe escribir y corregir una columna deportiva váyase directo a las horrorosas columnas del ex Niño Terrible Challe); lo mismo, aunque en menor medida, pasaba en PCworld de Perú y en La República, que también la leo y paro de contar porque no leo más de estas publicaciones...
En fin, lávense los pies antes de poner la pierna en alto...
miércoles, 4 de noviembre de 2009
Más títulos o temas: ocurrencias
«Ocurrencias» son pensamientos X que me asaltan y paranoicamente no me sueltan hasta dejarme casi exhausto y habiendo terminado de alguna manera, así sea en forma engañosa, la idea de la ocurrencia...
Ocurrencia 1)
Pérdida de connotaciones (de detalles lingüísticos o extralingüísticos) o matices en la comunicación = ruido comunicativo
Ruido comunicativo = ruido lingüístico + ruido extralíngüístico.
(Acabo de hacer una búsqueda en Google, y como lo sospeché ya existe este concepto. En fin. Termino mi idea de todos modos.)
Así como el ruido de una fotografía, así existe el ruido en una comunicación. Este puede ser de diversas clases (físicas o mentales).
Dentro del ruido comunicativo mental pueden diferenciarse entre el originado en cuestiones síquicas emocionales o en respuesta a una lógica equivocada (pensamiento).
Diferenciación semántica (¿ruido semántico?)
Diferencia entre los campos semánticos (o semas diferentes) atribuidos o asimilados por un hablante/oyente frente a otro hablante/oyente.
La diferenciación o ruido semántico existe en el 100% de las comunicaciones.
Un ejemplo claro es cuando un alumno pregunta algo a un profesor y este contesta algo que el alumno no quiso escuchar. Luego el profesor dice «¿conteste tu pregunta?» y el alumno dice «claro, claro que sí».
Ocurrencia 1)
Pérdida de connotaciones (de detalles lingüísticos o extralingüísticos) o matices en la comunicación = ruido comunicativo
Ruido comunicativo = ruido lingüístico + ruido extralíngüístico.
(Acabo de hacer una búsqueda en Google, y como lo sospeché ya existe este concepto. En fin. Termino mi idea de todos modos.)
Así como el ruido de una fotografía, así existe el ruido en una comunicación. Este puede ser de diversas clases (físicas o mentales).
Dentro del ruido comunicativo mental pueden diferenciarse entre el originado en cuestiones síquicas emocionales o en respuesta a una lógica equivocada (pensamiento).
Diferenciación semántica (¿ruido semántico?)
Diferencia entre los campos semánticos (o semas diferentes) atribuidos o asimilados por un hablante/oyente frente a otro hablante/oyente.
La diferenciación o ruido semántico existe en el 100% de las comunicaciones.
Un ejemplo claro es cuando un alumno pregunta algo a un profesor y este contesta algo que el alumno no quiso escuchar. Luego el profesor dice «¿conteste tu pregunta?» y el alumno dice «claro, claro que sí».
martes, 3 de noviembre de 2009
Denme un título y yo pongo el tema
Soy solo bachiller y es algo que me pesa desde hace un tiempo. Así que me he decidido a "sacar" mi título.
Y... ¿cuál es el problema?
Sucede que luego de haber trabajado tantos textos, asesorado tantas tesis de otros (además de redactar y hasta investigar), me encuentro con que no sé sobre qué investigar. Hace unos diez años me interesaban los temas de diglosia, contacto de lenguas y el español andino. Redacté algunas páginas sobre estos temas en ese tiempo. Pero luego, por cuestiones de trabajo, me zambullí en los temas normativos de los cuales ya no he podido salir.
Antes de esto, por influencia de mis estudios lingüísticos en San Marcos, disicriminaba los estudios prescriptivos, y privilegiaba la lingüística del habla, como bien me hizo diferenciar en una clase magistral el profesor Jorge Chacón Sihuay.
Ahora, con más bagaje y con más recursos —en temas de lingüística normativa, quiero decir—, me asaltan nuevamente mis antiguos argumentos. Pero bueno, dada mi realidad, de tener que estar fuera de casa más de 12 horas y llegar y «caballero» estar aunque sea un par de horas con mis hijos, no podría aventurarme a una ardua investigación de campo, que de hecho sería lo más conveniente para una tesis. En fin, tampoco es cuestión de desaprovechar lo que uno ha leído o ha podido deducir en estos años de contacto con diccionarios y manuales. El reto es hacer de lo que tengo un estudio académico, lógico e irrefutable en lo posible.
A buscar un tema (o un título) se ha dicho...
Y... ¿cuál es el problema?
Sucede que luego de haber trabajado tantos textos, asesorado tantas tesis de otros (además de redactar y hasta investigar), me encuentro con que no sé sobre qué investigar. Hace unos diez años me interesaban los temas de diglosia, contacto de lenguas y el español andino. Redacté algunas páginas sobre estos temas en ese tiempo. Pero luego, por cuestiones de trabajo, me zambullí en los temas normativos de los cuales ya no he podido salir.
Antes de esto, por influencia de mis estudios lingüísticos en San Marcos, disicriminaba los estudios prescriptivos, y privilegiaba la lingüística del habla, como bien me hizo diferenciar en una clase magistral el profesor Jorge Chacón Sihuay.
Ahora, con más bagaje y con más recursos —en temas de lingüística normativa, quiero decir—, me asaltan nuevamente mis antiguos argumentos. Pero bueno, dada mi realidad, de tener que estar fuera de casa más de 12 horas y llegar y «caballero» estar aunque sea un par de horas con mis hijos, no podría aventurarme a una ardua investigación de campo, que de hecho sería lo más conveniente para una tesis. En fin, tampoco es cuestión de desaprovechar lo que uno ha leído o ha podido deducir en estos años de contacto con diccionarios y manuales. El reto es hacer de lo que tengo un estudio académico, lógico e irrefutable en lo posible.
A buscar un tema (o un título) se ha dicho...
martes, 27 de octubre de 2009
En el día del corrector de textos
En el blog Addenda et Corrigenda apareció hace tres años lo siguiente:
En el día del corrector de textos. Clic en este vínculo
Era, exactamente, el 27 de octubre del 2006. No creo equivocarme si digo que a partir de este artículo, muchos se enteraron por primera vez de la existencia de un día de los correctores, tanto en España como en Perú y en otros países.
Y desde ahí, por efecto rebote, lo han empezado a recordar anualmente.
Una vez más:
¡Feliz día, corrector!, en donde estés.
En el día del corrector de textos. Clic en este vínculo
Era, exactamente, el 27 de octubre del 2006. No creo equivocarme si digo que a partir de este artículo, muchos se enteraron por primera vez de la existencia de un día de los correctores, tanto en España como en Perú y en otros países.
Y desde ahí, por efecto rebote, lo han empezado a recordar anualmente.
Una vez más:
¡Feliz día, corrector!, en donde estés.
viernes, 9 de octubre de 2009
Spam: ¿Vamos mejorando?
Mis amigos los estafadores siguen haciendo de las suyas. Parece que aquí usaron el traductor un poquito mejor que otras veces. Pero igual los resultados son risibles. Veamos al sensible maestro Gafariou (con comentarios críticos[a medias]):
M Gafariou Oketokoun
De Cotonú (República de Benin)
Supervisor / AFRICAN Inversiones (A.I.B) [¿y la "b" de dónde?]
Dirección: Lote No. 240, Zona Residencial [qué linda dirección. ¿Será que en todo Benin hay una sola "zona residencial"]
Hola,
Yo sé que mi mensaje se parece un poco extraño [una expresión tierna], pero tener corazón [más tierna. "Ponte la mano al corazón y otra al bolsillo derecho"], porque soy una persona real [estafador real, eso sí me doy cuenta]. Quiero que presten especial atención [ajá. Brillante recurso retórico]
En primer lugar, quiero disculparme por mi intrusión en su privacidad [no te hagas el estrecho].
Llamé [Ajá. ¿doble personalidad?] hace M Gafariou Oketokoun, en el Departamento de Contabilidad y Censor Supervisor AFRICANO de Inversiones (AIB) Cotonou Bénin.
Tengo una propuesta financiera de carácter confidencial a hacer. [sorry. Me cansé de comentar]
Por favor, amablemente prestar atención al resto de este puesto, aunque este correo le parecerá extraño, quiero tu consentimiento.
Una cuenta se ha abierto en nuestro banco en 1997, y desde 2005 no se llevó a cabo la operación. Esta cuenta muestra hasta la fecha en nuestros libros, una cuenta por pagar a una suma variable de ($ 7.500,000.000 EE.UU.) siete millones quinientos mil dólares.
Después de todo bien consultar los archivos y registros relacionados con esta cuenta, me di cuenta de que fácilmente podía disponer de ese dinero, si me las arreglé para su transferencia a una cuenta en el extranjero. Así que estoy buscando un socio discreto y honesto.
El propietario de esta cuenta era la PIKE finales cristiana, un expatriado director de la Gasolina-Servicios de apoyo técnico Inc. en Abidján, Costa de Marfil, ingeniero químico, murió después de un accidente de accidente del vuelo 522 de Hélios Airways, un Boeing 737 de la aerolínea chipriota Hélios Airways destino a Chypre República Checa agosto 14, 2005 ha Varnava.
En general, en caso de que estos fondos se ejecutarán en beneficio del Tesoro Público como fondo no reclamados.
De acuerdo con el gobierno después de un período determinado, a menos que se insistentemente reclamado por un familiar cercano del difunto.
Y nadie sabe hasta el día de la existencia de esta cuenta. Esta cuenta no tiene otro beneficiario en su familia y en su antigua empresa, me gustaría transferir este dinero en una cuenta en el extranjero, pero yo no conozco a nadie afuera. Tras la recepción de ese mensaje, por favor ponerse en contacto conmigo en: ogafariou@yahoo.fr
Entonces tuve la idea de ponerse en contacto con ustedes y hacer una propuesta para transferir esta cantidad a su cuenta bancaria a una parte igual del 50% que usted y yo. Me doy cuenta de que este mensaje te sorprenderá, porque no lo sé, pero asegúrate de que es una verdadera oportunidad que tenemos ante nosotros.
En espera de que releer el anterior por favor, acepte mis saludos más fraternos
Y Dios bendiga a nuestro trabajo [sí claro, que lo bendige].
Atentamente.
Saludos cordiales
M Gafariou Oketokoun
M Gafariou Oketokoun
De Cotonú (República de Benin)
Supervisor / AFRICAN Inversiones (A.I.B) [¿y la "b" de dónde?]
Dirección: Lote No. 240, Zona Residencial [qué linda dirección. ¿Será que en todo Benin hay una sola "zona residencial"]
Hola,
Yo sé que mi mensaje se parece un poco extraño [una expresión tierna], pero tener corazón [más tierna. "Ponte la mano al corazón y otra al bolsillo derecho"], porque soy una persona real [estafador real, eso sí me doy cuenta]. Quiero que presten especial atención [ajá. Brillante recurso retórico]
En primer lugar, quiero disculparme por mi intrusión en su privacidad [no te hagas el estrecho].
Llamé [Ajá. ¿doble personalidad?] hace M Gafariou Oketokoun, en el Departamento de Contabilidad y Censor Supervisor AFRICANO de Inversiones (AIB) Cotonou Bénin.
Tengo una propuesta financiera de carácter confidencial a hacer. [sorry. Me cansé de comentar]
Por favor, amablemente prestar atención al resto de este puesto, aunque este correo le parecerá extraño, quiero tu consentimiento.
Una cuenta se ha abierto en nuestro banco en 1997, y desde 2005 no se llevó a cabo la operación. Esta cuenta muestra hasta la fecha en nuestros libros, una cuenta por pagar a una suma variable de ($ 7.500,000.000 EE.UU.) siete millones quinientos mil dólares.
Después de todo bien consultar los archivos y registros relacionados con esta cuenta, me di cuenta de que fácilmente podía disponer de ese dinero, si me las arreglé para su transferencia a una cuenta en el extranjero. Así que estoy buscando un socio discreto y honesto.
El propietario de esta cuenta era la PIKE finales cristiana, un expatriado director de la Gasolina-Servicios de apoyo técnico Inc. en Abidján, Costa de Marfil, ingeniero químico, murió después de un accidente de accidente del vuelo 522 de Hélios Airways, un Boeing 737 de la aerolínea chipriota Hélios Airways destino a Chypre República Checa agosto 14, 2005 ha Varnava.
En general, en caso de que estos fondos se ejecutarán en beneficio del Tesoro Público como fondo no reclamados.
De acuerdo con el gobierno después de un período determinado, a menos que se insistentemente reclamado por un familiar cercano del difunto.
Y nadie sabe hasta el día de la existencia de esta cuenta. Esta cuenta no tiene otro beneficiario en su familia y en su antigua empresa, me gustaría transferir este dinero en una cuenta en el extranjero, pero yo no conozco a nadie afuera. Tras la recepción de ese mensaje, por favor ponerse en contacto conmigo en: ogafariou@yahoo.fr
Entonces tuve la idea de ponerse en contacto con ustedes y hacer una propuesta para transferir esta cantidad a su cuenta bancaria a una parte igual del 50% que usted y yo. Me doy cuenta de que este mensaje te sorprenderá, porque no lo sé, pero asegúrate de que es una verdadera oportunidad que tenemos ante nosotros.
En espera de que releer el anterior por favor, acepte mis saludos más fraternos
Y Dios bendiga a nuestro trabajo [sí claro, que lo bendige].
Atentamente.
Saludos cordiales
M Gafariou Oketokoun
viernes, 10 de abril de 2009
Micán y la señora Sinsuelo
Mi hijo, cuando tenía 3 años y medio de edad más o menos, mientras veíamos unas imágenes de aves, nos tropezamos con el tucán. Yo le dije:
—Se llama tucán.
Me respondió:
—Aaah, micán.
No pude evitar reírme, pero le insití de varias maneras que debía pronunciar "tucán" hasta que lo hizo. Al otro día le mostré la imagen del susodicho pájaro y le pregunté:
—¿Cómo se llama esta ave?
—¡Micán!
:::
Tocan la puerta, abren, entra una señora. Mi esposa le pregunta a mi hijo (ya de seis años):
—¿Quién ha venido, Fabio?
—Es la señora... No me acuerdo bien cómo se llama...
—Dime más o menos
—Es la señora Sinsuelo
—¿Quién dices?
—Sinsuelo
—¡Aaaaaaaaah, ya, es la señora Consuelo!
—Se llama tucán.
Me respondió:
—Aaah, micán.
No pude evitar reírme, pero le insití de varias maneras que debía pronunciar "tucán" hasta que lo hizo. Al otro día le mostré la imagen del susodicho pájaro y le pregunté:
—¿Cómo se llama esta ave?
—¡Micán!
:::
Tocan la puerta, abren, entra una señora. Mi esposa le pregunta a mi hijo (ya de seis años):
—¿Quién ha venido, Fabio?
—Es la señora... No me acuerdo bien cómo se llama...
—Dime más o menos
—Es la señora Sinsuelo
—¿Quién dices?
—Sinsuelo
—¡Aaaaaaaaah, ya, es la señora Consuelo!
Enredos flamencos y andinos
Mi padrino se llama Ernesto Hermoza y su hijo también. A este último le decían junior (no júnior) por obvias razones. Hasta donde lo vi y conversé con él (claro fue hace cuchocientos años, antes, incluso, que se trepanara la cabeza cayéndose de una moto cuando tenía alrededor de quince años) no tenía oficio u arte conocido. Luego, en un pestañeo, pasaron unos años: Ernesto Hermoza (el junior), convertido en excelente guitarrista flamenco.
Véanlo y escuchénlo (hay una parte donde toca el himno peruano. Muy emocionante y singular):
Y aquí la razón del encabezado:
Tremendo. Un orgullo haberlo conocido.
Véanlo y escuchénlo (hay una parte donde toca el himno peruano. Muy emocionante y singular):
Y aquí la razón del encabezado:
Tremendo. Un orgullo haberlo conocido.
domingo, 5 de abril de 2009
Filomeno Ormeño, de la Lima criolla y jaranera
http://filomeno-ormeno.blogspot.com/
Me retrotrae a mi infancia. Aquellas canciones con las cuales mi abuelo materno (con quien vivíamos) se jaraneaba. Estaba la radiola en la sala y los LP girando. Recuerdo en especial, no sé muy bien por qué El congorito. Recomiendo también (claro es mi gusto) la Canción del carnaval, El palmero, y Cuando me quieras.
Me retrotrae a mi infancia. Aquellas canciones con las cuales mi abuelo materno (con quien vivíamos) se jaraneaba. Estaba la radiola en la sala y los LP girando. Recuerdo en especial, no sé muy bien por qué El congorito. Recomiendo también (claro es mi gusto) la Canción del carnaval, El palmero, y Cuando me quieras.
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filomeno ormeño congorito jarana
martes, 24 de febrero de 2009
lunes, 20 de octubre de 2008
Más música
Me ha dado remordimientos mencionar en primer lugar a un puertorriqueño, antes que a un peruano. En fin, que yo no soy dueño de mis recuerdos o mejor dicho que yo no escogí el medio donde me desenvolví.
Sea, mencionaré a un tremendo artista, creador de La matarina (no me queda claro si él fue el "creador" de esta clase de coplas tan famosas en mi país o si, más bien, recogió y matizó aquellas en una composición musical [aquí —y en muchas situaciones dudosas parecidas— extraño a Carlos Leyva Arroyo, antropólogo, musicólogo y buen amigo, quien siempre tenía el dato preciso]). Hablo del Indio Mayta, cuyo nombre real es Miguel Angel Silva Rubio:
Ya hablaré del palo cilulo alguna vez.
Otra clásica de este peruanazo cajamarquino:
La letra no tiene pierde.
En esta dirección más de este autor: http://www.fulltono.com/i/indio-mayta/
También en Youtube, pero no me convence la calidad de la voz en este video:
Y si les interesó el tema aquí les dejo dos enlaces que cuentan más sobre el Indio Mayta: http://www.primerapaginaperu.com/article/especiales/cultura/613/
http://www.sanjuandelurigancho.com/julioabanto/2006_09_01_archive.html
Sea, mencionaré a un tremendo artista, creador de La matarina (no me queda claro si él fue el "creador" de esta clase de coplas tan famosas en mi país o si, más bien, recogió y matizó aquellas en una composición musical [aquí —y en muchas situaciones dudosas parecidas— extraño a Carlos Leyva Arroyo, antropólogo, musicólogo y buen amigo, quien siempre tenía el dato preciso]). Hablo del Indio Mayta, cuyo nombre real es Miguel Angel Silva Rubio:
Ya hablaré del palo cilulo alguna vez.
Otra clásica de este peruanazo cajamarquino:
La letra no tiene pierde.
En esta dirección más de este autor: http://www.fulltono.com/i/indio-mayta/
También en Youtube, pero no me convence la calidad de la voz en este video:
Y si les interesó el tema aquí les dejo dos enlaces que cuentan más sobre el Indio Mayta: http://www.primerapaginaperu.com/article/especiales/cultura/613/
http://www.sanjuandelurigancho.com/julioabanto/2006_09_01_archive.html
jueves, 4 de septiembre de 2008
Música para mis oídos
En mi infancia, niñez y adolescencia debo haber escuchado inconscientemente a Ángel Luis Canales, El Diferente. En mi surquillo natal (un populoso distrito limeño), tan barrio, tan sucio, tan peligroso, tan alegre, así como otros tantos tan, existe (¿existía?) una tradición salsera de viejo cuño. Eddie Palmieri, Larry Harlow, Tito Puente, Héctor Lavoe y un largo etc., además de Canales acompañaban cualquier fiesta o tono, donde el trago de dudosa reputación, pero excelente para deshinibir los pies y la lengua, se pasaba de mano en mano.
domingo, 4 de mayo de 2008
En el día del corrector de textos
Ídem que la entrada anterior. Recuperado del caché de Google. Hay algunos datos que se deben actualizar, en especial las referencias a la Fundación Litterae. Esto se publicó el 27 de octubre del 2006. No puedo dejar de mencionar que Silvia Senz revisó, corrigió, pulió e hizo los vínculos que ahora no aparecen.
EN EL DÍA DEL CORRECTOR DE TEXTOS
La Fundación Litterae[1] instaura como el día del corrector el 27 de octubre.[2] Y no porque esta institución lo haya querido consagrar habría uno de seguir sus pasos. No. Creo que esa rara avis, figura casi siempre anónima y mal pagada (monetaria y moralmente) merece en tierras gauchas, como aquí y en cualquier lugar, un reconocimiento especial.
En el mundo existe una tendencia hacia una disminución absoluta de los índices de lectura.[3] El Perú no es ajeno a esta propensión, y ahora los tipos de personas que antes leían están más habituados al discurso audiovisual que al «monótono» transcurrir de cadenas y cadenas de letras.
Para añadir un poco de ají al asunto las grandes editoriales miden sus costos basados más en la cantidad de marketing —mercadotecnia, insiste el corrector, aunque ni caso le hagan— a invertir que en la calidad del texto.
En este contexto exigente, dados los pocos lectores potenciales, se privilegia al autor que redacte «bien» y que sepa utilizar el corrector ortográfico del supremo Word. No hay problema, se democratiza la producción de literatura, en el amplio sentido de la palabra. Personas que no habrían sido «autores» en otros tiempos ahora lo son a mucha honra. Incluso, hay autoeditores y profesiones en formación que reclaman nuevas posiciones a las tradicionales en la industria editorial, todo ante la insurgencia de la PC y la Internet.
Pero estas bondades de la tecnología han confundido a no pocas personas que ven como los bits, letras y tamaña información vuelan inasibles de clic en clic.
Y pues, surgen, irremediables, las paradojas. Escritores con algo que decir que manejan insuficientemente la gramática y ortografía tradicional de la lengua española. Editores apurados en «sacar» el producto, apremiando a los correctores (si es que tienen la mínima decencia de contratar uno) en tiempos y en precios. Periódicos abrumados por las rotativas de última generación que tiene el diario vecino y que termina saliendo primero al mercado.
¿Quién sufrió los ajustes?, ¿qué eslabón se rompió?
El de corrector de textos —también llamado corrector de estilo o corrector tipográfico, según corrija originales o pruebas—, aquel que cuida que un texto llegue a los lectores bien escrito, o sea, el encargado del control de la calidad.
Resultado: erratas morrocotudas (véanse, por ejemplo, «Esa carie de los renglones llamada errata», o «Don Joaquín y las erratas») párrafos abstrusos, datos falsos, a los cuales no escapan ni los diarios más serios (aquellos que no han dado forata [¿de dónde habrá salido esta palabra?] a todo el equipo de corrección de pruebas y mantienen a uno que otro ojo acucioso maltrecho por ahí).
Los redactores y editores por jubilarse y otros de no tanta edad recordarán a aquellos seres mitológicos pertrechados con raros instrumentos (como el tipómetro, por ejemplo[4]), habituados a luchar con los errores. Aún así, en esos tiempos, como hoy, las erratas eran despiadadas y no hacían distingo por raza o creencia. Pero, al menos había el intento de acabar con ellas.
En esta línea son de destacar iniciativas como el «Manifiesto de los correctores de español», o la que en Uruguay ha iniciado una solitaria correctora llamada Pilar Chargoñia, en busca de «la expedición de un título de idoneidad como corrector de textos (ortotipografía y estilo)».
¿El Perú? Bien, gracias, cuña’o. Sé con’ciente, pe, varón… lo justo, ponte una mano al bolsillo derecho y otra en el corazón.
Mejor termino como dice (¿o decía?) el epígrafe de Addenda et Corrigenda, citando a Antonio Machado: «Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien, importa más que el hacerlas».
¡Feliz día, corrector!, en donde estés.
________________________________________
[1] Institución argentina, nacida, como en su página web puede leerse, para difundir el uso correcto del idioma español. También forma correctores del idioma español. (Para acceder a la lectura sin signos intrusos hay que configurar el explorador web al código griego.) [Ahora ya no es necesaria esta atingencia]
[2] «La elección del día se debe al del nacimiento del humanista holandés Desiderio Erasmo de Rotterdam (1467-1536), quien también se desempeñó como corrector.» Hay también un imperdible artículo sobre los correctores, aunque, paradójicamente, con algunas erratas tipográficas [Se hacía referencia a un artículo que aparecía en Litterae, cosa que ya no ocurre].
[3] Aunque cabría hacer la pregunta de qué índices habría que bajar en el Perú cuando nunca los tuvo altos.
[4] «¿Quién sabe hoy qué significan palabras como corondel, regletas, lingotes, galeras, galerines, filetes, orlas, chaflanes, lutos, hombrillos, componedores, chibaletes, platinas, serpentines, matrices... Palabras en general de origen latino o grecolatino. La misma unidad de medición es hoy agua pasada. El tipómetro era la vara de medida, el cícero la unidad. ¿Cuánta gente sabe hoy qué es un cícero? ¿Y cuánta cuál es su correspondencia en unidades decimales? Hoy día se mide en puntos y milímetros.» (Ángel Zoco Sarasa, jefe de Archivo y Documentación del Diario de Navarra: «Los procesos de cambio tecnológico y su repercusión en el entorno de los medios de comunicación escrita. Un estudio de caso: Diario De Navarra (1903-2004)»)
EN EL DÍA DEL CORRECTOR DE TEXTOS
La Fundación Litterae[1] instaura como el día del corrector el 27 de octubre.[2] Y no porque esta institución lo haya querido consagrar habría uno de seguir sus pasos. No. Creo que esa rara avis, figura casi siempre anónima y mal pagada (monetaria y moralmente) merece en tierras gauchas, como aquí y en cualquier lugar, un reconocimiento especial.
En el mundo existe una tendencia hacia una disminución absoluta de los índices de lectura.[3] El Perú no es ajeno a esta propensión, y ahora los tipos de personas que antes leían están más habituados al discurso audiovisual que al «monótono» transcurrir de cadenas y cadenas de letras.
Para añadir un poco de ají al asunto las grandes editoriales miden sus costos basados más en la cantidad de marketing —mercadotecnia, insiste el corrector, aunque ni caso le hagan— a invertir que en la calidad del texto.
En este contexto exigente, dados los pocos lectores potenciales, se privilegia al autor que redacte «bien» y que sepa utilizar el corrector ortográfico del supremo Word. No hay problema, se democratiza la producción de literatura, en el amplio sentido de la palabra. Personas que no habrían sido «autores» en otros tiempos ahora lo son a mucha honra. Incluso, hay autoeditores y profesiones en formación que reclaman nuevas posiciones a las tradicionales en la industria editorial, todo ante la insurgencia de la PC y la Internet.
Pero estas bondades de la tecnología han confundido a no pocas personas que ven como los bits, letras y tamaña información vuelan inasibles de clic en clic.
Y pues, surgen, irremediables, las paradojas. Escritores con algo que decir que manejan insuficientemente la gramática y ortografía tradicional de la lengua española. Editores apurados en «sacar» el producto, apremiando a los correctores (si es que tienen la mínima decencia de contratar uno) en tiempos y en precios. Periódicos abrumados por las rotativas de última generación que tiene el diario vecino y que termina saliendo primero al mercado.
¿Quién sufrió los ajustes?, ¿qué eslabón se rompió?
El de corrector de textos —también llamado corrector de estilo o corrector tipográfico, según corrija originales o pruebas—, aquel que cuida que un texto llegue a los lectores bien escrito, o sea, el encargado del control de la calidad.
Resultado: erratas morrocotudas (véanse, por ejemplo, «Esa carie de los renglones llamada errata», o «Don Joaquín y las erratas») párrafos abstrusos, datos falsos, a los cuales no escapan ni los diarios más serios (aquellos que no han dado forata [¿de dónde habrá salido esta palabra?] a todo el equipo de corrección de pruebas y mantienen a uno que otro ojo acucioso maltrecho por ahí).
Los redactores y editores por jubilarse y otros de no tanta edad recordarán a aquellos seres mitológicos pertrechados con raros instrumentos (como el tipómetro, por ejemplo[4]), habituados a luchar con los errores. Aún así, en esos tiempos, como hoy, las erratas eran despiadadas y no hacían distingo por raza o creencia. Pero, al menos había el intento de acabar con ellas.
En esta línea son de destacar iniciativas como el «Manifiesto de los correctores de español», o la que en Uruguay ha iniciado una solitaria correctora llamada Pilar Chargoñia, en busca de «la expedición de un título de idoneidad como corrector de textos (ortotipografía y estilo)».
¿El Perú? Bien, gracias, cuña’o. Sé con’ciente, pe, varón… lo justo, ponte una mano al bolsillo derecho y otra en el corazón.
Mejor termino como dice (¿o decía?) el epígrafe de Addenda et Corrigenda, citando a Antonio Machado: «Despacito y buena letra, que el hacer las cosas bien, importa más que el hacerlas».
¡Feliz día, corrector!, en donde estés.
________________________________________
[1] Institución argentina, nacida, como en su página web puede leerse, para difundir el uso correcto del idioma español. También forma correctores del idioma español. (Para acceder a la lectura sin signos intrusos hay que configurar el explorador web al código griego.) [Ahora ya no es necesaria esta atingencia]
[2] «La elección del día se debe al del nacimiento del humanista holandés Desiderio Erasmo de Rotterdam (1467-1536), quien también se desempeñó como corrector.» Hay también un imperdible artículo sobre los correctores, aunque, paradójicamente, con algunas erratas tipográficas [Se hacía referencia a un artículo que aparecía en Litterae, cosa que ya no ocurre].
[3] Aunque cabría hacer la pregunta de qué índices habría que bajar en el Perú cuando nunca los tuvo altos.
[4] «¿Quién sabe hoy qué significan palabras como corondel, regletas, lingotes, galeras, galerines, filetes, orlas, chaflanes, lutos, hombrillos, componedores, chibaletes, platinas, serpentines, matrices... Palabras en general de origen latino o grecolatino. La misma unidad de medición es hoy agua pasada. El tipómetro era la vara de medida, el cícero la unidad. ¿Cuánta gente sabe hoy qué es un cícero? ¿Y cuánta cuál es su correspondencia en unidades decimales? Hoy día se mide en puntos y milímetros.» (Ángel Zoco Sarasa, jefe de Archivo y Documentación del Diario de Navarra: «Los procesos de cambio tecnológico y su repercusión en el entorno de los medios de comunicación escrita. Un estudio de caso: Diario De Navarra (1903-2004)»)
Ser corrector de textos en el Perú
Holas:
Este articulito salió publicado en un blog llamado Addenda et Corrigenda, dirigido por la siempre inquieta, perseverante, inteligente, íntegra y algo malhumorada (eso me lo supongo gratuitamente, pues no tengo el gusto de conocerla, jeje), Silvia Senz Bueno, a quien le he perdido el rastro así como al blog que mencioné. Claro, detrás también había gente muy capaz (ya hablaré alguna vez de estas personas).
Bueno, como ya no veo publicado en la red el artículo que menciono, me permito ponerlo por aquí, rescatado del caché de Google. Va:
SER CORRECTOR DE TEXTOS EN EL PERÚ
I
Según el DRAE:
Redactar. (Del latín redactum, supino de redigěre, compilar, poner en orden). tr. Poner por escrito algo sucedido, acordado o pensado con anterioridad.
Corregir. tr. Enmendar lo errado.
Redactar no es sencillo. Supone, en primer lugar, un proceso mental de «ordenamiento» de las ideas (o de la información) y trasladar estas a un formato escrito. Y como las ideas no van a dejarse atrapar fácilmente y menos ser cohesionadas en un todo analizable, el redactor luchará por domesticarlas para que luego puedan servir fielmente a alguna argumentación, ensayo, etc.
Si bien existen redactores muy experimentados que pueden escribir sobre algún tema de corrido y con poquísimos errores, lo que es exactamente lo contrario suele verse más a menudo.
La demanda de información en una sociedad globalizada ha hecho que cantidades monumentales de datos se emitan cada día desde fuentes hace unos años inimaginables.
Y como en cualquier fenómeno humano, solo unos cuantos canalizan, aprovechan y, muchas veces, distribuyen los esfuerzos e información relevantes. Otros tantos se pierden en rumas de libros por leer, en promesas hechas a amigos de hacer clic en sus enlaces de páginas web, en diarios y suplementos muy interesantes guardados en el segundo cajón de la derecha, esperando aquella hora libre que nunca llega. Y otros muchos, rendidos o siempre hechos a un lado, se limitan a ver, como los niños los aviones, los libros, revistas y webs que cruzan por tantas dimensiones.
Pero es evidente que en esa gran cantidad de papel y bytes producidos hay meras refundiciones o viles copias de otras ediciones, que por decirlo tajantemente nunca debieron ser publicadas.
Así las cosas, las editoriales, aplicando modernísimas técnicas de mercadotecnia, apuestan por llenar estantes y más estantes con novelas posmodernas (léase, mejor, novelas rosas recargadas), con híbridos detectivescohistóricos, y también con textos New Age, esos que te dicen cómo encontrar la felicidad debajo de aquella piedra en forma de estrella que siempre ha estado en el parque a dos cuadras de tu casa.
¿Pero es que no hay lectores exigentes?
Bueno, esa pregunta, en el ámbito mundial, no sé quién la responderá, pero en el Perú, simplemente no los hay (o los hay tan pocos…).
II
En los tiempos que yo estudiaba en la universidad, había una pregunta que me hacían en cualquier reunión y que llegó a tener para mí visos de drama.
—¿A qué te dedicas? —me preguntaban.
A lo que yo, al principio, invariablemente respondía, orondo:
—Estudio lingüística.
La respuesta del interlocutor variaba:
1) [Boca abierta y ojos idos:] ¿Y qué es eso?
2) ¡Ah, ya, profesor de lengua!
3) ¡Ah, entonces tú sabes hablar muchos idiomas!
4) [Y el más acertado:] ¡Ah, lenguaje! ¿Y para qué estudias eso?
Dos años, aproximadamente, intenté explicar qué era la lingüística, su campo de estudio, etc. Luego, como no tuviera resultados en mis explicaciones (en verdad, muchos de mis compañeros de escuela tampoco entendieron nunca qué era la lingüística), opté por responder afirmativamente a cualquier respuesta:
—¿Eres profesor?
—Sí.
—¿Hablas muchos idiomas?
—Oui.
—¿Y qué es eso?
—Exacto, tienes toda la razón.
(La pregunta 4 hasta ahora no he podido contestarla.)
III
Han pasado los años y ahora soy corrector de textos en una universidad (que quiere decir ahí: leer, rerredactar, pasar correcciones, maquetar e imprimir). La vez pasada, luego de casi un año de comprarle a la misma señora de la vuelta un par de cigarros para luego del trabajo, se animó y me preguntó:
—¿Y en qué trabaja en la universidad?
Antes de ponerme a pensar en la respuesta le dije:
—Corrijo y edito textos.
—¡Ah ya! Usted es profesor.
(¡Ay, no!)
—No, yo me encargo de..., cómo le digo, hacer los libros, o sea…
—¡Aaaah! Usted escribe los libros.
(Yo pienso: «¡Pucha!».)
—Esteee, mire, yo…, sí, seño, tiene razón, fíeme dos cigarritos hasta mañana, ¿ya? ¿Y qué tal, cómo le va en la venta?
—Ahí, joven, más o menos…
Bueno, habrá quien me diga que la señora no tiene por qué saber lo que es un corrector o un editor. Claro, toda la razón. Pero esta clase de anécdotas solo ponen de relieve estos hechos:
•El corrector de textos (o de estilo) es una figura casi desconocida en el Perú.
•En nuestro país, el 26 % de personas en edad de leer no lo hace nunca. Además, el 45% de los que leen lo hace apenas dos horas a la semana.
•El corrector se ha visto desplazado de los pocos lugares en que tenía su sitio ganado (editoriales, diarios, revistas) y se ha trasladado la responsabilidad del cuidado de los textos a los redactores, con ayuda de programas informáticos.
•La inexistencia de instituciones que formen a un corrector o editor. Hecho que, llegado a extremos, hace que, con honrosísimas excepciones, no se respeten las tradiciones tipográficas (actitud no debida a una rebeldía hacia «normas colonizantes» sino a la mera ignorancia) y las normas ortográficas en libros, periódicos y toda clase de textos.
Este articulito salió publicado en un blog llamado Addenda et Corrigenda, dirigido por la siempre inquieta, perseverante, inteligente, íntegra y algo malhumorada (eso me lo supongo gratuitamente, pues no tengo el gusto de conocerla, jeje), Silvia Senz Bueno, a quien le he perdido el rastro así como al blog que mencioné. Claro, detrás también había gente muy capaz (ya hablaré alguna vez de estas personas).
Bueno, como ya no veo publicado en la red el artículo que menciono, me permito ponerlo por aquí, rescatado del caché de Google. Va:
SER CORRECTOR DE TEXTOS EN EL PERÚ
I
Según el DRAE:
Redactar. (Del latín redactum, supino de redigěre, compilar, poner en orden). tr. Poner por escrito algo sucedido, acordado o pensado con anterioridad.
Corregir. tr. Enmendar lo errado.
Redactar no es sencillo. Supone, en primer lugar, un proceso mental de «ordenamiento» de las ideas (o de la información) y trasladar estas a un formato escrito. Y como las ideas no van a dejarse atrapar fácilmente y menos ser cohesionadas en un todo analizable, el redactor luchará por domesticarlas para que luego puedan servir fielmente a alguna argumentación, ensayo, etc.
Si bien existen redactores muy experimentados que pueden escribir sobre algún tema de corrido y con poquísimos errores, lo que es exactamente lo contrario suele verse más a menudo.
La demanda de información en una sociedad globalizada ha hecho que cantidades monumentales de datos se emitan cada día desde fuentes hace unos años inimaginables.
Y como en cualquier fenómeno humano, solo unos cuantos canalizan, aprovechan y, muchas veces, distribuyen los esfuerzos e información relevantes. Otros tantos se pierden en rumas de libros por leer, en promesas hechas a amigos de hacer clic en sus enlaces de páginas web, en diarios y suplementos muy interesantes guardados en el segundo cajón de la derecha, esperando aquella hora libre que nunca llega. Y otros muchos, rendidos o siempre hechos a un lado, se limitan a ver, como los niños los aviones, los libros, revistas y webs que cruzan por tantas dimensiones.
Pero es evidente que en esa gran cantidad de papel y bytes producidos hay meras refundiciones o viles copias de otras ediciones, que por decirlo tajantemente nunca debieron ser publicadas.
Así las cosas, las editoriales, aplicando modernísimas técnicas de mercadotecnia, apuestan por llenar estantes y más estantes con novelas posmodernas (léase, mejor, novelas rosas recargadas), con híbridos detectivescohistóricos, y también con textos New Age, esos que te dicen cómo encontrar la felicidad debajo de aquella piedra en forma de estrella que siempre ha estado en el parque a dos cuadras de tu casa.
¿Pero es que no hay lectores exigentes?
Bueno, esa pregunta, en el ámbito mundial, no sé quién la responderá, pero en el Perú, simplemente no los hay (o los hay tan pocos…).
II
En los tiempos que yo estudiaba en la universidad, había una pregunta que me hacían en cualquier reunión y que llegó a tener para mí visos de drama.
—¿A qué te dedicas? —me preguntaban.
A lo que yo, al principio, invariablemente respondía, orondo:
—Estudio lingüística.
La respuesta del interlocutor variaba:
1) [Boca abierta y ojos idos:] ¿Y qué es eso?
2) ¡Ah, ya, profesor de lengua!
3) ¡Ah, entonces tú sabes hablar muchos idiomas!
4) [Y el más acertado:] ¡Ah, lenguaje! ¿Y para qué estudias eso?
Dos años, aproximadamente, intenté explicar qué era la lingüística, su campo de estudio, etc. Luego, como no tuviera resultados en mis explicaciones (en verdad, muchos de mis compañeros de escuela tampoco entendieron nunca qué era la lingüística), opté por responder afirmativamente a cualquier respuesta:
—¿Eres profesor?
—Sí.
—¿Hablas muchos idiomas?
—Oui.
—¿Y qué es eso?
—Exacto, tienes toda la razón.
(La pregunta 4 hasta ahora no he podido contestarla.)
III
Han pasado los años y ahora soy corrector de textos en una universidad (que quiere decir ahí: leer, rerredactar, pasar correcciones, maquetar e imprimir). La vez pasada, luego de casi un año de comprarle a la misma señora de la vuelta un par de cigarros para luego del trabajo, se animó y me preguntó:
—¿Y en qué trabaja en la universidad?
Antes de ponerme a pensar en la respuesta le dije:
—Corrijo y edito textos.
—¡Ah ya! Usted es profesor.
(¡Ay, no!)
—No, yo me encargo de..., cómo le digo, hacer los libros, o sea…
—¡Aaaah! Usted escribe los libros.
(Yo pienso: «¡Pucha!».)
—Esteee, mire, yo…, sí, seño, tiene razón, fíeme dos cigarritos hasta mañana, ¿ya? ¿Y qué tal, cómo le va en la venta?
—Ahí, joven, más o menos…
Bueno, habrá quien me diga que la señora no tiene por qué saber lo que es un corrector o un editor. Claro, toda la razón. Pero esta clase de anécdotas solo ponen de relieve estos hechos:
•El corrector de textos (o de estilo) es una figura casi desconocida en el Perú.
•En nuestro país, el 26 % de personas en edad de leer no lo hace nunca. Además, el 45% de los que leen lo hace apenas dos horas a la semana.
•El corrector se ha visto desplazado de los pocos lugares en que tenía su sitio ganado (editoriales, diarios, revistas) y se ha trasladado la responsabilidad del cuidado de los textos a los redactores, con ayuda de programas informáticos.
•La inexistencia de instituciones que formen a un corrector o editor. Hecho que, llegado a extremos, hace que, con honrosísimas excepciones, no se respeten las tradiciones tipográficas (actitud no debida a una rebeldía hacia «normas colonizantes» sino a la mera ignorancia) y las normas ortográficas en libros, periódicos y toda clase de textos.
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